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El público, cansado de los monstruos de novela, miró hacia las estrellas en busca de nuevas emociones como las invasiones extraterrestres, los monstruos mutantes y las diligencias espaciales.
En 1951 se estrenaron Ultimátum a la Tierra, The Man from Planet X y el Enigma… de Otro Mundo y dos años más tarde aparecen Invasores de Marte y la Guerra de los Mundos.
Cinco años después y hasta finales de la década, el argumento genérico cambió de las invasiones y viajes espaciales a las mutaciones.
De esta manera, tras los cangrejos gigantescos de the Attack of the Crab Monsters (1957), sucesores de las enormes hormigas de La Humanidad en Peligro (1954) y el colosal arácnido de Tarántula (1955), se presentan, en la pantalla grande, las alteraciones físicas en los seres humanos.
En 1957, pudo apreciarse como un hombre crece hasta el infinito en el Gigante Ataca o como se reduce hasta la nada en el Increíble Hombre Menguante.
Un año después, los espectadores se asombran ante el Ataque de la Mujer de 50 Pies y ven como un ser humano se convierte en la Mosca, pero, sin lugar a dudas, la películas que marcó este período fue la Mujer Avispa, de Roger Corman.
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