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Tras años de luchar contra el monopolio en cinematografía infantil, Disney y asociados, (entiéndase Pixar), han surgido en los últimos años compañías que han tratado y con buenos resultados de competir, incluso hasta de apoderarse de los premios ya sentados por los anteriores.
Tal es el caso de DreamWorks que desde su debut con loa muy bien recibida Shrek, cada año, han estrenado cintas de alto contenido irreverente, propuestas distintas a lo que Disney había acostumbrado.
Regresando a la primera, Shrek, cambió el concepto de los cuentos de hadas y con un humor muy popular y local (al menos en nuestro país) se ganó el agrado del público provocando ese año el aprecio de los críticos y robando la estatuilla dorada al ratón Mickey.
Esto provocó una lucha de poderes y Disney regresó al ruedo, sin cambiar el formato pero si revalorizando la situación atrasada en la que se encontraban. Cintas de animación digital fueron lanzadas por ambas compañías logrando buenos resultados en taquilla.
Películas como Madagascar, Cars, secuelas de Shrek, Monster´s Ink, y las recientes Ratatouille y Bee Movie, han sido fuerte competencia para las mega producciones de verano.
Toda batalla es sana, por lo que más estudios han retomado esta tendencia en animación infantil para poder disfrutar el éxito y las ganancias, casa productoras como Fox y Sony se han sumado a la guerra. Logrando que la favorita y reconocida Happy Feet se llevará los aplausos y los reconocimientos.
Ahora cada año los niños y adultos por igual disfrutan estas cintas que cada año se duplican, con la intención de entretener, finalmente el público es quien decidirá quienes son los ganadores.
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Transpiración, zozobra, un grito discreto, el corazón palpita implacablemente, la respiración se acelera, finalmente un alarido y la agonía ha terminado provocando una sensación de placer.
Esta descripción hace referencia al impacto que produce una escena de cualquier película de terror y es que desde tiempos arcaicos, el hombre se deleita atemorizándose y el cine ha logrado conjugar los más grandes miedos a través de la historia.
Antes de que el proyector apareciera, el humano logró aterrarse de distintas maneras, mediante leyendas, cuentos y mitos en los que los principales turbaciones toman forma de monstruos, espectros, fantasmas y demás elementos sobrenaturales.
De esta manera surgen las historias de miedo, narraciones en prosa que hablan acerca de sucesos o seres extraordinarios.
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El cine mexicano caracterizado por la falta de diversidad en cuanto a géneros, ha tratado de combinar los temores convertidos en leyendas y mitos con el septimo arte.
Aunque los titulos carezcan de originalidad y se traten en algunos de casos de remakes, es novedoso la aventura a la cual han querido enfrentar los nuevos directores siguiendo los pasos de un grande del suspenso mexicano Guillermo del Toro.
Ahora la tendencia continuó con Kilométro 31, y La Llorona, cintas basadas en mitos mexicanos adaptadas a la sociedad actual. Aunque sin pena ni gloria, contaron con una buena porducción, pero la falta de concisión en los trabajos es muy notoria.
Y es que competir en taquilla y talento contra las grandes producciones estadounidenses y japonesas es una gran labor, que cada vez más países se han arriesgado a tomar, incluyendo al nuestro.
Incluso se reciclan viejas peliculas de culto, como “Hasta el viento tiene miedo” y próximamente El Libro de Piedra, ambas de Carlos Enrique Taboada, famoso por su diversidad en el ambito cinematográfico.
Sólo el tiempo podrá decir el futuro de este género apenas retomado y sin experiencia por los nuevos talentos mexicanos, si podrá consolidarse o ser de nuevo olvidado.